jueves, 9 de abril de 2009

Miércoles santo

Miércoles Santo. El día que Judas traicionó a Cristo. Y yo adoro a San Miguel, que siempre fue mi marca de cerveza favorita.

Santa lata de medio litro, nunca me abandones, Santa lata de medio litro, descansa siempre fresca en mi nevera. Cuida de mí, cuida de mí.

Gracias San Miguel, por no dejarme caer en la melancolía barata, gracias por meter la lágrima para adentro, gracias por dejarme estar borracho, feliz, sin complejos, sin odio, sin amor, sólo estar, sin vergüenza, sin conciencia, sin moral, sin problemas… Alabado seas.

Aleja el demonio de mí. Que mañana no tenga resaca. Que mañana pueda beber igual. Y que hagas para mí de nuevo el milagro de los panes y los peces, porque se me están acabando tus divinas latas. Te rogamos, oyenos.

Santa madrugada, santa luna llena que ilumina la noche, San Robe Iniesta que estás cuando más se te necesita. Pa qué más. Felicidad embotellada, enlatada en este caso. ¿quién ofrece más? Dios, te equivocaste en crearnos sobrios, quizás así a tu hijo (con minúsculas o mayúsculas?) le hubiera importado un bledo ser traicionado, quizás así yo no debería haber esperado la cola en el Carrefour con mis cervezas, de haber sido más listo y habernos creado borrachos. Quizá hubiéramos sido más sincerros todos. Quizá hubiéramos vivido menos, con un hígado chungo, pero la sonsrisa de un niño. Quizá lo mejor lo dejas para el final, no como nosotros que lo peor de dejábamos siempre para el final, y quieres que el cielo merecido para los buenos sea una borrachera eterna. Pero dime, Dios, ¿qué pasa con los malos y pecadores? Reclamo por vía ordinaria mi derecho a la borrachera etena, si no es en el cielo en la tierra pecadora, mentirosa y taicionera.

Que no, que no, que no… que no te lleves las manos a la cabeza. Sí, tú que lees esto, que siempre hay alguien. No, no…que yo le tengo mucho respeto al alcohol. De hecho le llamo Don Alcohol. San Miguel es mi santo favorito, que Santa María, si fumo sólo, me sienta mal. Y ahora estoy más sólo que la una, que no veas cómo de sóla estaba. Claro, que siempre he dicho que mejor sólo que mal acompañada. O acompañado. ¿Dónde estaba? Ah, si, estaba justificando el dedo acusador que lo noto hasta en el ojo. Pues no, no señor, o señora, oseñorita, tampoco es un post antireligioso. Es sólo reflexiómn serena de borrachera cogida poco a poco, y Dios (con mayúsculñas siempre, no fallo una) es un adversario temible. Cuando menos le reconozco eso. Y coño, no es poco, digo yoo.

Pues miércoes santo… vaya, vaya… Principios de vacaciones. Hoy me han dado una medalla. Ganamos en el partido a los alumnos. Bahhhhhh…. Eran malísimos…. Ya no se juega en la calle y esa generacion de mierda lo nota, no les culpo, no tienen culpa de haber nacido tan tarde. Pero la medalla que yo me pongo orgulloso… un momento joer que se me ha acabao. Ya. Mierda, es la última… bueno, tampoco creo que tarde mucho en dormirme, se hace tarde y yo viejo.. Joerrrr… acabo a que me ha dado el bajón. San miguel a veces eres traicionnero, jejejejej…..Pues la medalla buena es la que significa cambiar. Cambiar. Cambiar es bueno. Y cambié. Lo maté. No lo llevé a la uvi o lo dejé en standbye. Lo maté. Y está muerto. ¿Daños colaterales? Los justos. Buen trabajo. Limpio, de profesional, y eso que en asesinar el amor soy amateur, aunque voy mejorando. Quizás sólo lo rematé en el suelo eh? Pero el caso es que ahí está, muerto. Y más vale matar la alimaña antes de que crezca y te mate a ti.
Bueno, ala, a dormir. Gracias San Miguel. Chao.


P.D.Esto era un vertedero y un invernadero de flores. NO veo las flores por ningún lado ya. Y para vomitar…. No sé, creo mejor la taza del bater. Que, joder, San Miguel, que traicionaero eres. Adiós. Fue un placer. Gracias por leerme, me sentí acompañado. De verdad. Si algún día despierto vivo pues vuelvo, mientras haya alguien que me lea. Aunque sólo sea una persona.

martes, 7 de abril de 2009

Receta con lágrimas; Recuerdos de una noche en que se dijo "siempre".

He decidido publicar esta receta con lágrimas para que las personas que las tienen, como Tani, y no saben qué hacer con ellas, les den salida. Se acumulan y al final estorban. Porque no caducan. Se acumulan y acumulan y al final es un maldito engorro qué hacer con ellas. Se pueden tirar, pero ya sabeis que hay que ser cívicos, y contaminan el medio ambiente.

Al fin y al cabo hay que comérselas, así que mejor que sea en forma de receta. Hay muchas recetas con lágrimas. Algunas tienen sabor dulce; otras saben a alegría; otras son como la comida basura, se va el sabor rápidamente; otras como el buen vino, evoca muchas cosas y deja en el paladar un sabor largo, intenso; otras simplemente saben a despedida, son recetas de ocasión; otras a remordimiento, esas son recetas obligadas; las peores son las lágrimas de odio; esta que me decido a publicar, tiene sabor agrio. No es muy sabrosa, pero es que lo malo de las recetas con lágrimas es que se cocinan desde el corazón. Yo no elegí cocinar ésta. Esta decidió que la cocinase.

RECETA CON LÁGRIMAS; RECUERDOS DE UNA NOCHE EN LA QUE SE DIJO “SIEMPRE”.

Ingredientes (para una sóla persona de aguante medio)

Dos manojos de dudas
Una pizca de cargo de conciencia
200 ml. de lágrimas
Impotencia a granel
Cuarto y mitad de miedo a sentirse sólo
Tres cucharadas soperas de nostalgia de lo que no ha pasado (si no lo encuentras, busca melancolía en estado puro, no sabe igual pero sirve)
Recuerdos de una noche en la que se dijo “siempre” (pues eso, para una persona)

Modo de preparación.
Se prepara el ingrediente principal, los recuerdos de una noche en que se dijo “siempre”, dejándolos unas horas que maceren con la nostalgia de lo que no ha pasado. Cuando los recuerdos estén bien reblandecidos se pueden empezar a preparar adecuadamente para su cocción. Se hace un sofrito con los manojos de dudas, la impotencia a granel y el miedo a sentirse sólo. Como ese sofrito es potente, tiene mucho sabor, rebájalo con un poco de cargo de conciencia. Añade el sofrito a los recuerdos extendiéndolo uniformenete y caliéntalo a fuego lento.

Verás como se van reblandeciendo aún más y comienzan a echar un líquido muy característico de esta receta con un portente aroma que impregnará toda la casa. Cuando lleve varias horas a fuego lento (si, es verdad, se tarda en cocinar todo esto) añade las lágrimas. Verás que casi lo pide el plato. Es el toque definitivo. Apaga el fuego cuando hayas añadido las lágrimas. Por tu propio bien. Deja que baje la temperatura y emplata añadiendo como decoración un poco de celos, que es el perejil de esta receta.

Como acompañamiento, para beber con este plato, aconsejo cualquier canción triste. Es un plato agradecido, irá bien con cualquiera. Por ejemplo, un bolero, un adagio, un Calamaro, un Sabina… Yo me lo como con un Bowie clásico, aunque no tenga la letra nada que ver, que tengo el día subido.

Un buen lugar para comer esta receta es la cama. Reconozco que comer recuerdos con lágrimas e impotencia y estas cosas es un poco guarro... pero es original al menos ¿verdad?

Buen provecho…

lunes, 6 de abril de 2009

miércoles, 1 de abril de 2009

El sótano

El sótano de la conciencia. Tiene muros gruesos. No está ventilado. Está oculto, a salvo de la mirada inquisitorial de los demás. Huele a humedad, está oscuro, se entra de puntillas, con cuidado, poco a poco. El sótano de la conciencia está ahí abajo. Incluso físicamente. Y está a salvo de la burbuja inmobiliaria y del bluf inmobiliario... porque todos tenemos sótano en la conciencia.

Arriba está la conciencia social, la oficial, la enseñada, la aprehendida, la heredada, la presentable, luminosa, amplia, agradable, la preparada para las visitas. La que se muestra, la que nos hace uno más del rebaño. Que nos permite hacer y decir con voz alta cualquier cosa, siempre habrá gente aplaudiendo. La conciencia que está encima del sótano la diseñamos con bonitos colores. La mía es tipo loft, me gusta pensar que no es tan tradicional, elegí una conciencia como modernilla. Esa conciencia tiene jardín. Pensando... sería la foto de la familia feliz, sonriente, con dos hijos hermosos, y perro hermoso. La foto de la familia en el jardín con perro es la conciencia que toda suegra querría para su yerno, y en el fondo, la sociedad es nuestra querida y odiada suegra, y nosotros no somos otra cosa que sus queridos y vigilados yernos.

Pero el sótano existe. Y aunque esté a oscuras, y entremos a tientas.... nos tienta. Nos llama. Nos pide que dejemos al perrito. Nos pide que entremos solos, porque al sótano de la conciencia se baja sólo. Y que dejemos arriba todo lo buenos que somos. Abajo no hay que tener la sonrisa del millón, ni contar el chiste adecuado, ni mantener la distancia de seguridad con el prójimo, ni decir las mentiras. Abajo nos quitamos la careta. Comemos grasas saturadas, bebemos, fumamos de todo... nos masturbamos, decimos obscenidades, calculamos el asesinato perfecto, la jugada imposible pero matestra. Abajo pensamos con la vecina de enfrente, deseando que vuelva desnudarse con la ventana abierta y la luz encendia... No es hablar de cuando te tocas pensando en la hermana de tu amigo..., en la mujer de tu amigo... No... Es más morboso.

Nadie está lo suficiente en el sótano para darse cuenta de su tamaño. Pero es inmenso. Tiene recovecos que ni conocíamos. Explorarlo a oscuras es emocionante, es excitante, es aberrantemente placentero...mmmmm........ Decirlo es atentar contra todos. Atreverse a decirlo te vuelve un proscrito, perseguido por la justicia moral bienpensante. Atreverse a bajar... contar que has bajado a ese sótano misterioso y prohibido. Te señalarás con el dedo hasta a tí mismo, negarás que estuviste allí ayer durante cinco minutos, hoy a la noche al meterte en la cama.

Pero me gusta el calor y el fuego. Y el lado salvaje de la vida. Y estando en el porche soleado de mi bonita conciencia, saludaddo amablemente al vecindario… cada dos por tres recuerdo un poema, escucho una canción, se me viene una idea… Y el sótano me grita ¡ven!




EL POEMA DEL MORBO

Los ojos eran extremadamente hermosos.
Los labios de una carne muy dulce.
No era, en fin, tan joven como su belleza.
Gemía, se turbaba, descendía a los sótanos
más húmedos del cuerpo,
usaba su saliva como miel,
simulaba trances de pequeña muerte,
indudablemente efímeros y ciertos. ..
Algo en él era terriblemente delicado,
algo semejaba un perfume muy oscuro
de jazmines enfermos.
Era la suavidad de un lecho de agua,
la escurridiza obsesión de las ojeras,
la blanca piel, suntuosamente condenada.
La sexualidad más sórdida se le volvía azul.
Era el fin del mundo en filo de primavera.
Sabes que no era amor, ni amistad;
sólo un placer que se mira en espejos de noche.
Únicamente esperaba deshacer tu sensualidad en sus muslos.
Cada amanecer deseaba el horror del amor romántico.
Como húmeda flora,
putrefacción, y hermosura.
Luz lunar en un valle de caricias.
Era la belleza extremadamente turbia.
Su sexo descansaba, magnífico, como un león satisfecho…
Luis Antonio de Villena

jueves, 26 de marzo de 2009

Tengo miedo de que se borren las huellas

"Caminas por la vida
dejando una profunda huella en mi.
Conclusión
la belleza pesa"

(Gonzalo de las Heras, 1998)

No sólo la belleza. El propio camino de huellas importa. La dirección marcada por las huellas. LOs momentos en que pisamos la arena juntos para dejar huellas. La comprensión. EL sentimiento de ser aliados. Cómplices, compañeros. El paraguas para quedarnos secos en la tormenta. La leña que caliente la vida cuando hace tanto frío. La felicidad, el dolor, las ausencias, la distancia, la necesidad... Todo dejó huella. Muchas. Profundas. Huellas como acantilados.

Al menos quedarían las huellas. Para siempre. Era un triunfo. "Hay quien camina por la vida sin alterar una pincelada del paisaje" (Caballos Salvajes). Yo paso por la vida sin pena ni gloria. Tú sientes que has caminado sin pena ni gloria. Nuestra pena, y al mismo tiempo nuestra gloria, era haber dejado huella.

Pero llegará la marea. Y tengo miedo a que se lo lleve todo.

martes, 24 de marzo de 2009

Cómo te envidio, Josep

El anciano del anuncio, sí. Josep Mascaró, 102 años, quizá dentro de poco 103. ¡Qué envidia! Nunca aspiré a vivir tantos años, porque jamás pensé que podría dar sentido a mi vida tanto tiempo, yo, que pensé que que a partir de los 30 no había vida. Y casi tenía razón…. Pero veo que sólo para mí, para otros no. El mayor pecado es no saber vivir, desperdiciar un tesoro, que es la vida, malgastándolo. Y sí, lo reconozco, soy un pecador, en todos los sentidos de la palabra. Pero se me cae la baba con Josep. Y con todos aquellos que viven con mayúsculas. Que te despiertes por la mañana, te levantes, trabajes, comas, andes, salgas, entres… eso no son síntomas de vida. De VIDA no, en todo caso únicamente de vida.

Y Josep me llamó la atención en el anuncio porque pensé… ahí le tienes, mira qué gracioso el viejo con los amiguetes y en bici, mira el cabrón que guasa tiene, que se descojona feliz de la vida… (perdón, pienso con muchos tacos, escribo con sólo algunos menos). Ese anuncio, el de la “chispa de la vida”. Joder, sabes que te quiere emocionar. Y lo hace. Sabes que busca la sonrisa entrañable, y lo consigue… Obra maestra de anuncio, si es que la publicidad puede ser obra maestra.



Pero lo que no sabía es que Josep hoy tiene una preocupación, además de sus últimos problemas de estómago; y es saber si podrá volver a ver a Aitana, el bebé del anuncio… Entonces… entonces se me pusieron las orejas tiesas, porque al final resulta que la publicidad, que es por esencia falsa, se convirtió en realidad. Josep, “chispa de la vida”, le anuncian el algunos blogs y periódicos. El que quedó viudo a los 57. El que ya había hecho los deberes y así su familia llega a los 70 miembros. El que el día antes de cumplir 100 años tuvo la desgracia de que muriera su novia con la que había VIVIDO 20 años… El que ese día dijo hoy es día de llorar, mañana de reír. El que por primera vez se ha subido a un avión para hacer un anuncio en el que dice debería haberos pagado yo a vosotros, no vosotros a mí. El que corre, anda en bici, echa la partida, cultiva su huerta, ¡va a clases de baile!…

Es sólo un hombre alegre. Pero yo le admiro por rebelde. Porque sonríe mucho. Y en este mundo de tristes, una sonrisa es la mayor de las disidencias.

lunes, 16 de marzo de 2009

No tengo nada que decir


No tengo nada que decir. No tengo nada que decir. Todo lo que tengo que decir es que no tengo nada que decir. Cuando uno no tiene nada que decir está un poco muerto. Sobre todo si eres un poeta frustrado. Cuando no tienen nada que decirte es aún peor. Te vuelves transparente. Y si los demás tienen algo que decir, pero a otros, es que no eres transparente, sino un obstáculo.

A veces se encuentra una sonrisa entre la basura. Hace sol. La vida te habla, y buscas a alguien para contárselo. A veces sencillamente lo gritas en silencio, como aquí. Otras veces la vida te da la espalda, sospecha de ti y te niega el pan y sólo ofrece sal. Igualmente buscas a alguien para contárselo. O lo aúllas en silencio, aquí. Cuando la vida pasa, para bien o para mal, y sólo sale silencio de las entrañas… retírate a una cueva. Sólo. Cierra la puerta. Hiberna. Sueña, aunque sea dormido, que es una forma de soñar de a cinco duros.

Si no tienen nada que decirte. Si no te buscan. O si los tienes delante y sus párpados caen pesados como juicios… quizá también estén muertos ellos. Aconséjales que se vayan a hibernar, y soñar, aunque lo hagan dormidos. Si lo que pasa es que su mirada se ilumina con otros. Si la sonrisa forzada sale natural con otros. Si los silencios que hablan por los codos sólo son contigo… Entonces amigo, el que debe retirarse eres tú. Aprende a irte cinco minutos antes de que te echen. Aprende a que te echen de menos antes de que te echen de más.

Porque cuando no hay nada que decir, estarás muerto. Pero cuando no tienen que decirte nada sólo, únicamente a ti. Entonces… es que ya se dijo todo.