lunes, 6 de octubre de 2008

The Raveonettes; la flor oscura, "Beat City"



The Raveonettes es el grupo más original e inteligente del panorama musical intelectual en mi opinión. Lo de original, teniendo en cuenta que soy un pesimista redomado y que creo que está todo inventado, lo matizaría. El grupo más inteligente en manejar el grandísimo patrimonio del pop rock, malearlo, mezclarlo de la forma más inverosímil, darle la vuelta... y que el resultado suene a todo conocido de una forma completamente única. Lo de inteligente, porque el fondo y la forma están al servicio de ideas complejas. Odio (musicalmente) al Canto del Loco, por ejemplo, donde el fondo simple y la forma simple se mezclan para mostar mensajitos vergonzosamente simples. The Raveonettes, este dúo danés formado en el 2002 y con cuatro discos en el mercado, proponen musicalizar las complejas relaciones humanas; los deseos prohibidos, lo oscuro, lo políticamente incorrecto que todos llevamos dentro...

Desde Las Ronettes y las melodías de los años 50 hasta las guitarras más eléctricas, todo envuelto en un sonido sucio, de baja fidelidad (lo-fi), y al servicio de cierta desesperanza, tipo Velvet Underground, pero cantado como los ángeles, puesto que considero que son excelentes cantantes además de excelentes compositores o músicos.

“I wanna die in the beat city” repiten como una letanía compulsiva en este tema (del disco "Pretty in Black", 2005). Quién no quiso morir en la ciudad palpitante, en la ciudad viva, la de las luces de neón, el escenario de nuestras subidas y bajadas, donde queríamos morir cada noche sin ningún motivo aparente, sólo explotar, sólo tirarte por el suelo, gritar, agitarte... Ya no soy un niño, mis amigos ya no pasan delante del cuartel de la Guardia Civil con alguien encima del coche cantando... ni duermo en la calle cuando no había lugar más caliente al final de la noche donde posar mi cadáver... Pero aún hoy el instinto se activa. Y cada mucho tiempo, quedamos para quemarla, como diciendo... “hace mucho que no nos morimos en la ciudad palpitante...” Claro, que la ciudad ahora no me parece tan interesante. Más que viva y palpitante, un balneario para dormirse... de asco.

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