miércoles, 25 de febrero de 2009

¡Abajo la dictadura metrosexual!



Norman Pleaceplas es un canadiense de 62 años que se ha hecho archifamoso [...] por su decisión de demandar a los grandes estudios de cine norteamericanos, alegando que años de consumo de comedias románticas le han convertido en un perfecto imbécil. Toma castaña. Sus abogados piden catorce millones de dólares y las seis temporadas completas de Los Soprano en DVD. "Más el apéndice", precisa Pleaceplas, escamado por si le timan los últimos seis capítulos, que vienen en pack aparte.

La suya es una de esas demandas que pueden crear precedentes, míster Pleaceplas.

Ojalá. Los productores de cine deberían pagar sus responsabilidades. La humanidad se ha cretinizado. Y yo con la humanidad. Nos creemos que la vida son noventa minutos de amables equívocos que acaban en bod. La vida no es así.



Usted no cree en la pareja, la belleza del matrimonio...

¡Y sí! Por supuesto. El matrimonio es hermoso. El matrimonio tiene algo de contrato pornográfico: quiero sexo, pido sexo, tengo sexo. El matrimonio es sexo sin amor. ¿Puede haber algo más limpio?



Es usted un descreído, entonces.

No, no, sucede que cada cosita en su sitio.



¿Qué quiere decir?

Que el amor está muy bien para lo que está, pero yo me meto en las páginas de buscar pareja en la web, y los hombres más visitados tienen un rabo de toro y las más visitadas son macizas veinteañeras. Después miraba los cuestionarios femeninos y todas decían que en un hombre esperan que las haga reír. Ya. Será que hacen cosquillas con el trasto, porque el más exitoso no es un payaso, sino míster tranca.


También los hombrees heterosexuales valoran mucho la conversación y las mujeres más solicitadas...

Ya le digo. Una delantera que ni te cuento, y un perímetro cular de aquí te espero. ¿Eso es el amor? Yo me siento estafado. Toda mi vida buscando pareja de comedia romántica. ¿Sabe cuántos chistes blancos me sé?


Ni idea.

Y no sólo eso: sé decir "cariño", "amor mío", "pichurrina", "caramelito", "dulce de miel de mi corazón", y no sé cuántos apelativos cursis más. En 2004 tuve el récord Guinnesss de nombrecitos cursis, y gané el campeonato absoluto con "chinchirrupinita mía".


Jopetas.

Como lo oye.


¿Qué quería decir usted con "chinchirrupinita"?

Nada, esas cosas que se dicen.


Ya.

Y aprendí a tocar la guitarra, y a cantar al sol y la lluvia. ¡Bah! Todo para nada.



Pleacepas ha tenido algunas experiencias de pareja complicadas. Hoy, su fuerte es la masturbación, dentro de lo que cabe, pero en su horizonte vislumbra una vida de multimillonario en una playa templada del Caribe.


¿En compañía de alguna mujer?

Pues sí, claro, concretamente de una maciza con unas tetas así de grandes. ¡Basta de dictadura metrosexual! ¡Basta de fingida delicadeza! Soy soez, asqueroso y sucio.


Enhorabuena por haber salido del armario.

A todos los hombres se lo digo: abajo el prototipo delicado de comedia romántica. Espero que los estudios de cine proporcionen el final feliz con el que me han estafado durante años.


Pero si, finalmente, la vida de usted tiene un final feliz, indemnización millonaria, playa del Caribe, final de comedia romántica, ¿no se sentirá obligado a devolver el dinero?

Súbete aquí y verás Ottawa.


Imaginaciones mías por Toni Martínez (El País Semanal, 18 enero 2009)

1 comentario:

Penélope dijo...

Mas matao!!

Me muero de risa en estos momentos, peeeeerooooooooo....una cosa es una cosa y otra cosa es un violín, o "ni tanto ni tan calvo".
Ni tanto acaramelamiento romanticón, ni tanta frialdad afectiva. Un término medio. Un amor normalizado. Simplemente, una historia real.

Que no es poco.