martes, 3 de febrero de 2009

El lobo y el cervatillo (parte I)


Érase una vez un lobo hambriento. LLevaba mucho tiempo pasando hambre, pues este lobo sabía que era peligroso, todo el mundo hablaba mal de él y tenían razón. Él sabía que tenía unos colmillos terribles, que era capaz de matar con hincar las fauces una sóla vez. El lobo no quería hacer daño. Le daba miedo llenarse la panza y luego sentirse desgraciado por haber matado. Él comía y comía hierba y frutos. Eran asquerosos para el lobo pero hacían olvidar al menos por un momento esa sensación de vacío que sentía en el estómago. El lobo definitivamente no era normal, lo sabía y no se acercaba a nadie. El hambre iba a más y a veces se relamía pensando en un suculento bocado de carne fresca que casi había olvidado. Carne fresca... Mmmmm... Pero no. El lobo sabía que los otros lobos comían carne, que estaba deliciosa, se le caía la baba viendo cómo a sus hermanos de manada les corría la sangre por el hocico. Pero él sabía que su vida sería de hierba y frutos. Hubiera querido ser otro animal, pero era un lobo. Al menos, se consolaba, no he matado a nadie..

Y también había un cervatillo. Era muy joven. Había acabado apenas la adolescencia. Era un cervatillo muy bello. Estaba sólo... Su familia había desaparecido, y hacía mucho tiempo ya que vagaba sólo por los bosques. Buscaba otros cervatillos con los que jugar, con los que charlar, con los que vivir como cervatillo que era. Le encantaba oler las flores y tenía muy buen olfato. Pero no para los animales. Este cervatillo tenía un defecto. No distinguía un cóndor de un ciervo. No distinguía un cuervo, un buitre, de una simple chinchilla. El cervatillo se sentía tremendamente sólo, por eso buscaba compañía en cualquier animal, sin conocer que la fauna está llena de peligros. Los vampiros le chuparon la sangre, los zorros le engañaron, las comadrejas hablaban mal de él... El cervatillo era desgraciado... Sólo encontró una hiena que parecía que reía... Esa hiena fue su compañía pero claro, las hienas hacen daño y a veces mordía. Aun cuando no deseaba la compañía de la hiena, ésta encontraba siempre al cervatillo y le mordía.

El lobo buscaba hierba pensando en carne. Y el cervatillo tenía la esperanza de encontrar al animal que le acompañase y pudiera vivir con él. Estaban destinados a encontrarse. Y se encontraron...

1 comentario:

Penélope dijo...

Miedo me da ese encuentro. Al final, natura suele ganar.
Le hincará el diente el lobo filántropo?
O se enamorará del cervatillo?
Le rehuirá el cervatillo a pesar de las buenas iniciales intenciones del lobo??
Podrá resistirse el lobo a su naturaleza?

Y quién eres tú? Lobo? o cervatillo?

La respuesta...en el proximo post.