viernes, 27 de febrero de 2009

Nel el Vieju

La flor que hoy quiero compartir es doble. El fin de semana pasado, en el monte, muy arriba, donde casi no hay nada ni nadie, se cruzaron unos corzos delante de mí. Eram tres. Corrían monte abajo, elegantes, a grandes zancadas. Yo, extraño y patoso en ese lugar, me quedé como paralizado. Bonito, un pequeño momento mágico pensé… Les miré a los ojos negros, ellos en su carrera también miraron de reojo. Qué suerte, he podido ver por fin corzos a unos metros en su estado natural. No fue suerte. Era una batida con hombres (muchos, cada vez más) que detrás hacían ruido y corrían también monte abajo azuzándolos hacia la zona de tiro, cerca del valle, donde los cazadores estaban
esperando. La flor fue breve… esos instantes en que pensé que por una extraña razón (qué tonto urbanita soy cuando salgo del cemento) habían aparecido delante de mí, tan cerca.

A las dos horas, casi en el mismo lugar, el momento no fue flor, ni mágico. Fue cactus. Allí estaban, amontonados, más de tres. Con la lengua fuera. Goteando aún sangre. Y también me miró uno. Me da igual que haya sobrepoblación de corzos en el monte cantábrico. Me da igual la razón. Casi siempre me ha dado igual la razón. Sólo he visto corzos una vez, y resulta que en vez de monte era un matadero.

Por otro lado, mientras bajaba de la cumbre nevada, con el instante mágico vivido dos horas antes teñido en sangre, recordé esa canción folk de Luétiga que trata precisamente de un corzo, de nombre Nel el Vieju.Cantada en el habla cántabra de los valles profundos de la montaña (esa forma de hablar de mis abuelos)nunca la entendí demasiado bien, sólo me gustaba el estribillo. Ahora me ha dado por buscar la letra, por preguntar y traducirla, y de repente, pensando en mis corzos encima de la camioneta amontonados, me ha dado por desear profundamente que Nel el Vieju no adorne con su cabeza un bar.


Soy Nel el Viejo un corzo con con muy buena suerte
es cierto que no son casualidad mis años
en los montes de Ucieda está mi hogar
agua abundante, brotes tiernos al amanecer y al oscurecer

Una mañana muy temprano los oí llegar
eran cazadores que sabían que yo estaba aquí
Era arriesgado el moverse o hacer ruido
sus perros olfateaban muy cerca de mi, muy cerca de mi

Cuando vuelven todos los años para hacer sufrir
no entendemos que matar sea su distracción
el temblor de la tierra con sus pisadas
anunciaba que algo triste iba a suceder, iba a suceder.

Corre, corre Nel el Viejo por tu vida
los perdigones pasan por encima de ti
las cajigas y las hayas suspiran por ti
corre, corre Nel el Viejo por tu vida, por tu vida

Quizás quieren disecarme para que sea inmortal
colgando mi cabeza en la pared de un bar
toda la tarde y el invierno podreis respirar
nuestro miedo porque ya vino el tiempo del terror, tiempo del terror

A lo mejor me equivoco y no vienen por mí,
salvándome como otras veces ya pasó
los fantasmas de mis hermanos muertos por ellos
me dicen que tenía que escapar de aquí, escapar de aquí

Corre, corre Nel el Viejo por tu vida
los perdigones pasan por encima de ti
las cajigas y las hayas suspiran por ti
corre, corre Nel el Viejo por tu vida, por tu vida


Letra de Nel el Vieju original

2 comentarios:

Penélope dijo...

Dios, Dios, Dios. Tu relato y la letra de esa preciosa canción me recuerdan a la inmensa tristeza que sentía de pequeñaja cuando escuchaba el disco-cuento que a algún perverso adulto se le ocurrió regalarme un buen día: "Bambi". Y desde entonces ando traumatizada...

Puedo parecer cruel, pero soy capaz de soportar más estoicamente el sufrimiento humano que el de un animal. No me preguntes por qué.

Anónimo dijo...

tardiu es otoño,no tarde