jueves, 26 de marzo de 2009

Tengo miedo de que se borren las huellas

"Caminas por la vida
dejando una profunda huella en mi.
Conclusión
la belleza pesa"

(Gonzalo de las Heras, 1998)

No sólo la belleza. El propio camino de huellas importa. La dirección marcada por las huellas. LOs momentos en que pisamos la arena juntos para dejar huellas. La comprensión. EL sentimiento de ser aliados. Cómplices, compañeros. El paraguas para quedarnos secos en la tormenta. La leña que caliente la vida cuando hace tanto frío. La felicidad, el dolor, las ausencias, la distancia, la necesidad... Todo dejó huella. Muchas. Profundas. Huellas como acantilados.

Al menos quedarían las huellas. Para siempre. Era un triunfo. "Hay quien camina por la vida sin alterar una pincelada del paisaje" (Caballos Salvajes). Yo paso por la vida sin pena ni gloria. Tú sientes que has caminado sin pena ni gloria. Nuestra pena, y al mismo tiempo nuestra gloria, era haber dejado huella.

Pero llegará la marea. Y tengo miedo a que se lo lleve todo.

martes, 24 de marzo de 2009

Cómo te envidio, Josep

El anciano del anuncio, sí. Josep Mascaró, 102 años, quizá dentro de poco 103. ¡Qué envidia! Nunca aspiré a vivir tantos años, porque jamás pensé que podría dar sentido a mi vida tanto tiempo, yo, que pensé que que a partir de los 30 no había vida. Y casi tenía razón…. Pero veo que sólo para mí, para otros no. El mayor pecado es no saber vivir, desperdiciar un tesoro, que es la vida, malgastándolo. Y sí, lo reconozco, soy un pecador, en todos los sentidos de la palabra. Pero se me cae la baba con Josep. Y con todos aquellos que viven con mayúsculas. Que te despiertes por la mañana, te levantes, trabajes, comas, andes, salgas, entres… eso no son síntomas de vida. De VIDA no, en todo caso únicamente de vida.

Y Josep me llamó la atención en el anuncio porque pensé… ahí le tienes, mira qué gracioso el viejo con los amiguetes y en bici, mira el cabrón que guasa tiene, que se descojona feliz de la vida… (perdón, pienso con muchos tacos, escribo con sólo algunos menos). Ese anuncio, el de la “chispa de la vida”. Joder, sabes que te quiere emocionar. Y lo hace. Sabes que busca la sonrisa entrañable, y lo consigue… Obra maestra de anuncio, si es que la publicidad puede ser obra maestra.



Pero lo que no sabía es que Josep hoy tiene una preocupación, además de sus últimos problemas de estómago; y es saber si podrá volver a ver a Aitana, el bebé del anuncio… Entonces… entonces se me pusieron las orejas tiesas, porque al final resulta que la publicidad, que es por esencia falsa, se convirtió en realidad. Josep, “chispa de la vida”, le anuncian el algunos blogs y periódicos. El que quedó viudo a los 57. El que ya había hecho los deberes y así su familia llega a los 70 miembros. El que el día antes de cumplir 100 años tuvo la desgracia de que muriera su novia con la que había VIVIDO 20 años… El que ese día dijo hoy es día de llorar, mañana de reír. El que por primera vez se ha subido a un avión para hacer un anuncio en el que dice debería haberos pagado yo a vosotros, no vosotros a mí. El que corre, anda en bici, echa la partida, cultiva su huerta, ¡va a clases de baile!…

Es sólo un hombre alegre. Pero yo le admiro por rebelde. Porque sonríe mucho. Y en este mundo de tristes, una sonrisa es la mayor de las disidencias.

lunes, 16 de marzo de 2009

No tengo nada que decir


No tengo nada que decir. No tengo nada que decir. Todo lo que tengo que decir es que no tengo nada que decir. Cuando uno no tiene nada que decir está un poco muerto. Sobre todo si eres un poeta frustrado. Cuando no tienen nada que decirte es aún peor. Te vuelves transparente. Y si los demás tienen algo que decir, pero a otros, es que no eres transparente, sino un obstáculo.

A veces se encuentra una sonrisa entre la basura. Hace sol. La vida te habla, y buscas a alguien para contárselo. A veces sencillamente lo gritas en silencio, como aquí. Otras veces la vida te da la espalda, sospecha de ti y te niega el pan y sólo ofrece sal. Igualmente buscas a alguien para contárselo. O lo aúllas en silencio, aquí. Cuando la vida pasa, para bien o para mal, y sólo sale silencio de las entrañas… retírate a una cueva. Sólo. Cierra la puerta. Hiberna. Sueña, aunque sea dormido, que es una forma de soñar de a cinco duros.

Si no tienen nada que decirte. Si no te buscan. O si los tienes delante y sus párpados caen pesados como juicios… quizá también estén muertos ellos. Aconséjales que se vayan a hibernar, y soñar, aunque lo hagan dormidos. Si lo que pasa es que su mirada se ilumina con otros. Si la sonrisa forzada sale natural con otros. Si los silencios que hablan por los codos sólo son contigo… Entonces amigo, el que debe retirarse eres tú. Aprende a irte cinco minutos antes de que te echen. Aprende a que te echen de menos antes de que te echen de más.

Porque cuando no hay nada que decir, estarás muerto. Pero cuando no tienen que decirte nada sólo, únicamente a ti. Entonces… es que ya se dijo todo.

martes, 10 de marzo de 2009

Los Teleñecos tienen corazón (Over Time, Fuera de Tiempo)

A veces conviene un engaño masivo para no aceptar la realidad. Cuando viene de golpe especialmente. Es más fácil negarlo. Hacer que la vida sigue. Poner todo de tu parte para que la vida siga igual aunque haya cambiado para siempre. Si hay mal tiempo ponte camiseta corta para que salga el sol. Hace falta un tiempo en el que negarlo todo te prepara poder por fin aceptarlo.

Este proyecto de fin de carrera de tres estudiantes franceses es un homenaje dulce y lúgubre al creador de los Teleñecos, Jim Henson. Los pobres muñecos utilizan lo que les enseñó su "padre". No entienden que por mucho que hagan, se acabó.

Cuesta, duele, darse cuenta de que algo está muerto.

domingo, 8 de marzo de 2009

Por favor, absténganse los perfectos

POEMA EN LÍNEA RECTA

Jamás conocí a nadie a quien le hubiesen partido la cara.
Mis conocidos fueron siempre los mejores en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil;
yo, que fui un parásito empedernido;
yo, que fui siempre un tío marradísimo
que dejó de bañarse una y mil veces por pereza;
yo, que fui ridículo, absurdo;
que tropecé en las alfombras de los cócteles;
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante;
yo, que fui insultado y no dije ni pío;
y que quedé peor cuando lo dije;
yo, que causé tanta risa a las camareras de los hoteles,
y me di cuenta de la coña que se traían los obreros a mi paso;
yo, que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca;
yo, que salí corriendo cuando había pelea;
que padecí, en resumen, la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
empiezo a preguntarme si no será mi caso un caso
único en todo el mundo.

La gente con la que me codeo
jamás hizo el ridículo, jamás de los jamases fue insultada:
nunca fue sino el número uno –todos números uno- en la vida…

Cuánto me gustaría escuchar una voz humana
que no me confesara un pecado, sino una infamia;
que no me contase una violencia, sino una cobardía.
Pero ¡cá!, de eso nada: todos son fabulosos, según veo.
¿No habrá nadie en el mundo capaz de confesar que alguna vez fue vil?

Mis hermanos los número uno…

¡A la porra, estoy hasta aquí de semidioses!
¿Dónde andará la gente vulgar de este ancho mundo?
¿Será posible que sólo yo sea vil y me equivoque?

Admitirán que no los quisieron las mujeres;
aceptarán, incluso, que fueron traicionados
pero ridículos… ¡nunca!

Y yo, que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo tener la osadía de dirigirme a mis superiores tan campante?

Yo, que fui vil, literalmente, vil
en el sentido peor de la palabra

Víctor Botas (recreación basada en obra de Álvaro de Campos)

jueves, 5 de marzo de 2009

Días lluviosos, grises, calándote el alma
Escuchar el balar de las ovejas del rebaño
Joderse y aguantarse, tú balas también
A veces desafinas y no es consuelo
Rabia callada no es rabia, es derrota asumida
Ser oveja negra no te aleja del rebaño
El día pasa pero no pasa nada

Llorar no te hace más humano
Lloraba también Hitler escuchando a Wagner
Este rebaño es cómodo, aunque desafine
Valiente es el salmón que muere en el empeño
Algunas veces dan ganas de morir en el empeño
Roncando no se sueña