martes, 24 de marzo de 2009

Cómo te envidio, Josep

El anciano del anuncio, sí. Josep Mascaró, 102 años, quizá dentro de poco 103. ¡Qué envidia! Nunca aspiré a vivir tantos años, porque jamás pensé que podría dar sentido a mi vida tanto tiempo, yo, que pensé que que a partir de los 30 no había vida. Y casi tenía razón…. Pero veo que sólo para mí, para otros no. El mayor pecado es no saber vivir, desperdiciar un tesoro, que es la vida, malgastándolo. Y sí, lo reconozco, soy un pecador, en todos los sentidos de la palabra. Pero se me cae la baba con Josep. Y con todos aquellos que viven con mayúsculas. Que te despiertes por la mañana, te levantes, trabajes, comas, andes, salgas, entres… eso no son síntomas de vida. De VIDA no, en todo caso únicamente de vida.

Y Josep me llamó la atención en el anuncio porque pensé… ahí le tienes, mira qué gracioso el viejo con los amiguetes y en bici, mira el cabrón que guasa tiene, que se descojona feliz de la vida… (perdón, pienso con muchos tacos, escribo con sólo algunos menos). Ese anuncio, el de la “chispa de la vida”. Joder, sabes que te quiere emocionar. Y lo hace. Sabes que busca la sonrisa entrañable, y lo consigue… Obra maestra de anuncio, si es que la publicidad puede ser obra maestra.



Pero lo que no sabía es que Josep hoy tiene una preocupación, además de sus últimos problemas de estómago; y es saber si podrá volver a ver a Aitana, el bebé del anuncio… Entonces… entonces se me pusieron las orejas tiesas, porque al final resulta que la publicidad, que es por esencia falsa, se convirtió en realidad. Josep, “chispa de la vida”, le anuncian el algunos blogs y periódicos. El que quedó viudo a los 57. El que ya había hecho los deberes y así su familia llega a los 70 miembros. El que el día antes de cumplir 100 años tuvo la desgracia de que muriera su novia con la que había VIVIDO 20 años… El que ese día dijo hoy es día de llorar, mañana de reír. El que por primera vez se ha subido a un avión para hacer un anuncio en el que dice debería haberos pagado yo a vosotros, no vosotros a mí. El que corre, anda en bici, echa la partida, cultiva su huerta, ¡va a clases de baile!…

Es sólo un hombre alegre. Pero yo le admiro por rebelde. Porque sonríe mucho. Y en este mundo de tristes, una sonrisa es la mayor de las disidencias.

3 comentarios:

Monapolla dijo...

Maldita sea!!!!, ayer mi amigo Pablo me habló del comercial, escena por escena... se me puso la piel chinita. No me ha tocado verlo aún, y hoy leyendo tu blog, me encuentro en la biblioteca de la universidad, donde me salen los links de youtube y otros sitios de entretenimiento: BLOQUEADO. Tendré que esperar la noche para poder verlo.

Gracias

Alejandro dijo...

De nada... Me alegro de que haya alguien aún que no lo ha visto... También tú me das envidia por poder sentir lo que yo sentí la primera vez que lo vi.

Disfrútalo.

Monapolla dijo...

Ya lo he visto!!!!

jajajja, envidioso, Lo acabo de sentir.


Me fascinó la parte donde se tocan los dedos. Y cuando dice: "al final de lo único que te acuerdas, son de las cosas buenas."... o algo así.

De esa forma si dan ganas de llegar a la 3a edad.