domingo, 8 de marzo de 2009

Por favor, absténganse los perfectos

POEMA EN LÍNEA RECTA

Jamás conocí a nadie a quien le hubiesen partido la cara.
Mis conocidos fueron siempre los mejores en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil;
yo, que fui un parásito empedernido;
yo, que fui siempre un tío marradísimo
que dejó de bañarse una y mil veces por pereza;
yo, que fui ridículo, absurdo;
que tropecé en las alfombras de los cócteles;
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante;
yo, que fui insultado y no dije ni pío;
y que quedé peor cuando lo dije;
yo, que causé tanta risa a las camareras de los hoteles,
y me di cuenta de la coña que se traían los obreros a mi paso;
yo, que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca;
yo, que salí corriendo cuando había pelea;
que padecí, en resumen, la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
empiezo a preguntarme si no será mi caso un caso
único en todo el mundo.

La gente con la que me codeo
jamás hizo el ridículo, jamás de los jamases fue insultada:
nunca fue sino el número uno –todos números uno- en la vida…

Cuánto me gustaría escuchar una voz humana
que no me confesara un pecado, sino una infamia;
que no me contase una violencia, sino una cobardía.
Pero ¡cá!, de eso nada: todos son fabulosos, según veo.
¿No habrá nadie en el mundo capaz de confesar que alguna vez fue vil?

Mis hermanos los número uno…

¡A la porra, estoy hasta aquí de semidioses!
¿Dónde andará la gente vulgar de este ancho mundo?
¿Será posible que sólo yo sea vil y me equivoque?

Admitirán que no los quisieron las mujeres;
aceptarán, incluso, que fueron traicionados
pero ridículos… ¡nunca!

Y yo, que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo tener la osadía de dirigirme a mis superiores tan campante?

Yo, que fui vil, literalmente, vil
en el sentido peor de la palabra

Víctor Botas (recreación basada en obra de Álvaro de Campos)

2 comentarios:

Penélope dijo...

Da mucha verguenza reconocer que uno ha sido vil o ridículo, verdad? Siempre es menos bochornoso reconocer que fue malvado, o cobarde, o mentiroso.

Pero que el que esté libre de pecado que tire la pimera piedra...
Toos cargamos con un poquito de vileza a nuestras espaldas...

Un abrazo.

Alejandro dijo...

Ridículo es especialmente grave. Si eres vil, se te perdona porque alguien piensa que sacaste algo a cambio. Fuíste sgoísta, práctico... en ese caso no eres tan absolutamente despreciable. Incluso sin llegar a amlvado, que es inteligente, un vil puede llegar a ser admirado por el tamaño de sus vilezas.

Ridículo es imperdonable. Es lo peor. Cualquier cosa menos eso. La antítesis del héroe no es el villano, somos los ridículos. Sin embargo, los antihéroes reales, los admirados, jamás fueron ridículos. Tuvieron todos los excesos y pecados excepto ese.