miércoles, 1 de abril de 2009

El sótano

El sótano de la conciencia. Tiene muros gruesos. No está ventilado. Está oculto, a salvo de la mirada inquisitorial de los demás. Huele a humedad, está oscuro, se entra de puntillas, con cuidado, poco a poco. El sótano de la conciencia está ahí abajo. Incluso físicamente. Y está a salvo de la burbuja inmobiliaria y del bluf inmobiliario... porque todos tenemos sótano en la conciencia.

Arriba está la conciencia social, la oficial, la enseñada, la aprehendida, la heredada, la presentable, luminosa, amplia, agradable, la preparada para las visitas. La que se muestra, la que nos hace uno más del rebaño. Que nos permite hacer y decir con voz alta cualquier cosa, siempre habrá gente aplaudiendo. La conciencia que está encima del sótano la diseñamos con bonitos colores. La mía es tipo loft, me gusta pensar que no es tan tradicional, elegí una conciencia como modernilla. Esa conciencia tiene jardín. Pensando... sería la foto de la familia feliz, sonriente, con dos hijos hermosos, y perro hermoso. La foto de la familia en el jardín con perro es la conciencia que toda suegra querría para su yerno, y en el fondo, la sociedad es nuestra querida y odiada suegra, y nosotros no somos otra cosa que sus queridos y vigilados yernos.

Pero el sótano existe. Y aunque esté a oscuras, y entremos a tientas.... nos tienta. Nos llama. Nos pide que dejemos al perrito. Nos pide que entremos solos, porque al sótano de la conciencia se baja sólo. Y que dejemos arriba todo lo buenos que somos. Abajo no hay que tener la sonrisa del millón, ni contar el chiste adecuado, ni mantener la distancia de seguridad con el prójimo, ni decir las mentiras. Abajo nos quitamos la careta. Comemos grasas saturadas, bebemos, fumamos de todo... nos masturbamos, decimos obscenidades, calculamos el asesinato perfecto, la jugada imposible pero matestra. Abajo pensamos con la vecina de enfrente, deseando que vuelva desnudarse con la ventana abierta y la luz encendia... No es hablar de cuando te tocas pensando en la hermana de tu amigo..., en la mujer de tu amigo... No... Es más morboso.

Nadie está lo suficiente en el sótano para darse cuenta de su tamaño. Pero es inmenso. Tiene recovecos que ni conocíamos. Explorarlo a oscuras es emocionante, es excitante, es aberrantemente placentero...mmmmm........ Decirlo es atentar contra todos. Atreverse a decirlo te vuelve un proscrito, perseguido por la justicia moral bienpensante. Atreverse a bajar... contar que has bajado a ese sótano misterioso y prohibido. Te señalarás con el dedo hasta a tí mismo, negarás que estuviste allí ayer durante cinco minutos, hoy a la noche al meterte en la cama.

Pero me gusta el calor y el fuego. Y el lado salvaje de la vida. Y estando en el porche soleado de mi bonita conciencia, saludaddo amablemente al vecindario… cada dos por tres recuerdo un poema, escucho una canción, se me viene una idea… Y el sótano me grita ¡ven!




EL POEMA DEL MORBO

Los ojos eran extremadamente hermosos.
Los labios de una carne muy dulce.
No era, en fin, tan joven como su belleza.
Gemía, se turbaba, descendía a los sótanos
más húmedos del cuerpo,
usaba su saliva como miel,
simulaba trances de pequeña muerte,
indudablemente efímeros y ciertos. ..
Algo en él era terriblemente delicado,
algo semejaba un perfume muy oscuro
de jazmines enfermos.
Era la suavidad de un lecho de agua,
la escurridiza obsesión de las ojeras,
la blanca piel, suntuosamente condenada.
La sexualidad más sórdida se le volvía azul.
Era el fin del mundo en filo de primavera.
Sabes que no era amor, ni amistad;
sólo un placer que se mira en espejos de noche.
Únicamente esperaba deshacer tu sensualidad en sus muslos.
Cada amanecer deseaba el horror del amor romántico.
Como húmeda flora,
putrefacción, y hermosura.
Luz lunar en un valle de caricias.
Era la belleza extremadamente turbia.
Su sexo descansaba, magnífico, como un león satisfecho…
Luis Antonio de Villena

6 comentarios:

Rosalía dijo...

Qué maravilla de texto! Creo que no se podría describir mejor.

Ese sótano del que hablas nos es inherente a todos, aunque algunos no lo reconozcan. A mí me gusta bajar al mío [no todos se sienten a gusto en él], y procuro hacerlo a menudo.

Bsos.

Alejandro dijo...

Gracias Rosalía. Si te gusta bajar e incluso lo admites en público (esto es anónimo al fin y al cabo, por eso huele a libertad)... ¿sabes que eres muy "mala"? Malísima, jejejeje, y también seguramente feliz a ratos más frecuentes que la media.

Pero creo que nadie se siente a gusto en él. O casi nadie. Nadie admite de verdad ese deseo inconfesable, esa esperanza retorcida, nadie confiesa lo inconfesable... ni a sí mismo.

Si te sientes de verdad a gusto es que tu sótano es más bonito que la parte presentable de tu conciencia. Serías una privilegiada. Si es así... joer... felicidades.

Un saludo...

Monapolla dijo...

El sótano, lo más humano que me he conocido.
Y es verdad, la mayoría de su contenido no lo confesamos ni a nosotros mismos, es una maldición que nos haga sentir mal ver lo que hay ahí abajo. Como he dicho... es de lo más humano que puede existir.

Me como tu texto!!!!!, me encantó.

uva dijo...

me encanto, pero yo creo qu e noes el sotano, es el atico, osea es el que esta primero, mas arriba, es el que origino todo lo demas, es el unico real, y aunque toda la otra construccion trate de que pase desapercibido el es el unico real. Es el que sostiene el techo y permite que no se nos caiga el cielo encima. Es verdad puede permanecer en secreo, pero el problema es cuando a gente como yo o como tu quien sabe, se nos ocurre contarle al mundo lo que hay en ese sotano, atico o lo que sea, es ahi donde la gente nos tilda de locos y trataran de convencernos de que el no huele a libertad, sino a mierda, nos diran desadaptados, aunque todos saben que ellos tambien tienen ese rincon oscuro, solo que no se atreven a llevarlo a la luz.

Alejandro dijo...

Monapolla, el sótano es humano. Y la humanidad puede ser demasiado oscura para ser aceptada. Es humano pero por ejemplo ¿serías tú capaz de aceptar mi humanidad sin echarte las manos a la cabeza? Sinceramente... no lo sé... y ante la duda, todos, incluido yo, tengo cuidado con lo que digo. Bueno, aquíun poco menos...

Y gracias...

Alejandro dijo...

El problema es ese, y el problema es que al menos yo, salvo en chispazos como el de este post, o el provocado por unas ganas terribles, o el provocado por alguien que me lleve al sótano, o el provocado por el alcohol... el problema es que yo también me convenzo de que a veces ese refugio, sea ático o sótano, huele a mierda. Y eso es ser el TRibunal de la Santa Inquisición con uno mismo, tenerse miedo a uno mismo.

Uva, gracias por comentar...