martes, 7 de abril de 2009

Receta con lágrimas; Recuerdos de una noche en que se dijo "siempre".

He decidido publicar esta receta con lágrimas para que las personas que las tienen, como Tani, y no saben qué hacer con ellas, les den salida. Se acumulan y al final estorban. Porque no caducan. Se acumulan y acumulan y al final es un maldito engorro qué hacer con ellas. Se pueden tirar, pero ya sabeis que hay que ser cívicos, y contaminan el medio ambiente.

Al fin y al cabo hay que comérselas, así que mejor que sea en forma de receta. Hay muchas recetas con lágrimas. Algunas tienen sabor dulce; otras saben a alegría; otras son como la comida basura, se va el sabor rápidamente; otras como el buen vino, evoca muchas cosas y deja en el paladar un sabor largo, intenso; otras simplemente saben a despedida, son recetas de ocasión; otras a remordimiento, esas son recetas obligadas; las peores son las lágrimas de odio; esta que me decido a publicar, tiene sabor agrio. No es muy sabrosa, pero es que lo malo de las recetas con lágrimas es que se cocinan desde el corazón. Yo no elegí cocinar ésta. Esta decidió que la cocinase.

RECETA CON LÁGRIMAS; RECUERDOS DE UNA NOCHE EN LA QUE SE DIJO “SIEMPRE”.

Ingredientes (para una sóla persona de aguante medio)

Dos manojos de dudas
Una pizca de cargo de conciencia
200 ml. de lágrimas
Impotencia a granel
Cuarto y mitad de miedo a sentirse sólo
Tres cucharadas soperas de nostalgia de lo que no ha pasado (si no lo encuentras, busca melancolía en estado puro, no sabe igual pero sirve)
Recuerdos de una noche en la que se dijo “siempre” (pues eso, para una persona)

Modo de preparación.
Se prepara el ingrediente principal, los recuerdos de una noche en que se dijo “siempre”, dejándolos unas horas que maceren con la nostalgia de lo que no ha pasado. Cuando los recuerdos estén bien reblandecidos se pueden empezar a preparar adecuadamente para su cocción. Se hace un sofrito con los manojos de dudas, la impotencia a granel y el miedo a sentirse sólo. Como ese sofrito es potente, tiene mucho sabor, rebájalo con un poco de cargo de conciencia. Añade el sofrito a los recuerdos extendiéndolo uniformenete y caliéntalo a fuego lento.

Verás como se van reblandeciendo aún más y comienzan a echar un líquido muy característico de esta receta con un portente aroma que impregnará toda la casa. Cuando lleve varias horas a fuego lento (si, es verdad, se tarda en cocinar todo esto) añade las lágrimas. Verás que casi lo pide el plato. Es el toque definitivo. Apaga el fuego cuando hayas añadido las lágrimas. Por tu propio bien. Deja que baje la temperatura y emplata añadiendo como decoración un poco de celos, que es el perejil de esta receta.

Como acompañamiento, para beber con este plato, aconsejo cualquier canción triste. Es un plato agradecido, irá bien con cualquiera. Por ejemplo, un bolero, un adagio, un Calamaro, un Sabina… Yo me lo como con un Bowie clásico, aunque no tenga la letra nada que ver, que tengo el día subido.

Un buen lugar para comer esta receta es la cama. Reconozco que comer recuerdos con lágrimas e impotencia y estas cosas es un poco guarro... pero es original al menos ¿verdad?

Buen provecho…

1 comentario:

tali dijo...

Gracias Alejandro, la apuntaré en mi recetario y creo que, hasta podré abrir un restaurante, porque esta semana he hecho acopio extra de todos esos ingredientes.